domingo, 9 de diciembre de 2007

Los Beatles y el Homo viator

Tú llegaste en canoa. Uno deja el terruño porque se muere de hambre; porque quiere tener más posesiones; porque lo persiguen para matarlo o marcarlo con un hierro candente o simple y civilizadamente encarcelarlo; porque se enamoró de alguien que vive en Birmania; porque no está a gusto con las leyes y costumbres de su entorno natal; porque lo destierran; porque quiere acercarse a Dios; porque sus padres le resultan antipáticos; porque admira los paisajes extraños; porque siente empatía hacia los habitantes de otras tierras; porque en el lugar de origen ser mujer es casi un delito; porque quiere reunirse con amigos, socios y familiares; porque acató el llamado de algún cromosoma antiguo; por curiosidad, por varias de esas razones combinadas o por alguna diferente. Hemos pasado el último millón de años en tránsito de un valle a otro, de un litoral a otro, de un continente a otro. Como consecuencia la humanidad está mezclada sin remedio y los pueblos originarios son una patraña: los americanos provienen de Asia, los asiáticos proceden de Europa, los europeos vienen de África y los primeros humanos surgieron del abismo de la animalidad en las praderas de Etiopía y Kenia. La especie bien podría llamarse Homo Viator.

Los habitantes primigenios de Norteamérica llegaron a esta región hambrientos, cagados de frío, sin pediatras ni encendedores ni documentos de identidad. Los fundadores de lo que habrían de ser las Trece Colonias arribaron milenios después, en embarcaciones precarias. La más emblemática fue el Mayflower, que pasó por innumerables peripecias y salidas en falso desde el puerto inglés de Plymouth. La nave hizo escala en San Juan de Terranova, localidad hoy canadiense que había sido colonizada un siglo antes por pescadores vascos y muchos milenios antes por asiáticos procedentes de Behring. Aunque carecían de visa, los peregrinos del Mayflower no fueron recibidos con balas de gas pimienta sino con agua y provisiones para que continuaran su viaje, el cual culminó en las costas de Nueva Inglaterra, en noviembre de 1620.

Y tú llegaste a Nueva York en una canoa.